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Editorial

21 años: LOS PANTALONES LARGOS

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(por Walter Ditrich) .- Hace 21 años llegué a estas páginas cargando un puñado de sueños y un equipaje de desafíos. Mi único capital mediático, eran las ganas de edificar desde los cimientos un medio propio. Mi título de Licenciado en Comunicación, una nada despreciable experiencia en medios platenses y no mucho más. Ni hablar del capital económico para iniciar «la empresa». Un bolso con pocas pilchas, y una motito con escaso pronóstico de supervivencia, completaban la declaración jurada.


Y desde allí hasta acá, fuimos construyendo Reflejos de a poco, o rápidamente. Dos computadoras usadas para usar, por turno, entre tres. El garage de Ramón y Mirta como oficina, una máquina de fotos familiar que hacía ruido a roto, el Ami 8 celeste de Nori para viajar hasta la imprenta y no mucho más. Salvo las ganas. Y la inconsciencia juvenil de pensar que todo es posible; o de no detenerse a pensar en los imposibles.

Hace 21 años no había internet y el teléfono celular era un artículo de lujo muy poco difundido. No existía la fotografía digital, ni el correo electrónico. El fax apareció un tiempo después. Repasando aquel periodismo artesanal, caigo en la cuenta de que ya pertenezco a otra generación de periodistas. De aquellos que comenzamos a redactar con máquinas de escribir.


De los que acostumbramos a ir al lugar de los hechos y hablar con los protagonistas. Todavía tenemos la costumbre de oler la noticia y de sentirle el pulso a la cosa. Parece un periodismo pasado de moda. Esperar horas, días o hasta semana por un dato y suponer que ese artículo hará la diferencia. Estar ahí. No poder dejarlo pasar. Nunca mirar para otro lado. Aunque sepamos que no todo dato se convierte en noticia. Parece de otro tiempo. Hoy alcanza con conocer tres teclas de la computadora: Ctrl; C, V y alcanzar para copiar y pegar lo que otro dice. Un teléfono con Whatsapp, ¡Y a opinar en el mundo del chusmerío digital!.


En Reflejos, hace 21 años que venimos haciendo otra cosa. Seguramente no nos esperen otros 20 años en el futuro. Nuestra profesión ha cambiado mucho, demasiado. Tanto, que el periodismo que está en nuestro ADN, pareciera tener certificado de defunción.


Pero mientras tanto, como dice el Negro Santiago, seguimos dándole vueltas a la misma tuerca. «El tema es que no se note...» aclaró Rafael Emilio cuando se alejó del micrófono.. Siempre me acuerdo de su diagnóstico de la profesión. Veinticinco años de trabajo periodístico después, ya tengo la sensación de siempre damos vueltas sobre la misma rosca. Repitiendo noticias, títulos, sensaciones.


Aunque, de vez en cuando, le das otra vuelta al tornillo y vuelve esa sensación. Ese cosquilleo en la panza,. Y sentís que sigue valiendo la pena.

Cuando esa vuelta de tuerca nos sorprende, aunque ocurra cada vez menos, seguimos sintiendo que los 21 años tuvieron, tienen, y tendrán sentido. Es ahí, cuando los sueños y el desafío que nos empujó a la aventura - un tanto inconsciente- de fundar un medio como este, sigue estando.

Tal vez, vos también sientas que esta película ya la viste. A veces me pasa lo mismo, pero desde este lado de nuestro encuentro de cada semana, sigo teniendo las ganas de provocarte algo. Asombro, reflexión, enojo, alegría, incertidumbre, certezas, bronca, tranquilidad o lo que sea que te genere este puñadito de palabras en un última hoja. Seguramente cada vez menos significativas. Al fin y al cabo, también a veces tenemos la sensación de gritar en el desierto, desde unos de los últimos periódicos que siguen desafiando al futuro hiper conectado y vertiginoso..


Estoy dando otra vuelta de tuerca. En el mismo lugar. Siento las mismas ganas, aunque las fuerzas no sean idénticas. Me podrán decir que me falta un tornillo. Pero sigo sintiendo que vale la pena. Como en aquel abril de 1998.


Gracias por estar.. Por haber llegado hasta acá. Al último renglón de estos 21 años. Que estés leyendo esto, es la única razón por la que, nosotros, seguimos estando aquí.