Editorial

Cambio de época

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(por WALTER DITRICH).- “No salgamos a festejar por respeto a los que nos votaron” dijo Gustavo Notararigo minutos después de que se confirmara en la sede partidaria de Juntos por el Cambio que era el nuevo Intendente del Distrito. Casi no festejó. Parecía darle pudor.

«Mucho no me gusta, como los cierre de campaña, me parece gastar recursos de gusto. No me parece que a la gente le guste ver a los políticos festejar como locos, como si fuera un partido de fútbol», aclaró luego en los micrófonos de Reflejos Radio (97.9). Una pincelada que muestra la personalidad del nuevo jefe comunal y cómo hizo campaña para llegar al sillón de Rodez 99. Sin ruido. Sin estridencias. Casi en silencio.


Corvatta llegó a saludarlo. Le pregunté que sentía al haber perdido la elección. «Un alivio!!», dijo enseguida. Le salió de adentro. Agregó que «es un alivio porque vendrán años difíciles» agregó. Con 67 años, el político más importante que dio la historia del distrito aventuró que era tiempo descansar. Y esto abre enormes interrogantes acerca del liderazgo del peronismo. ¿Habrá cuestionamientos a la conducción de Corvatta por la derrota electoral?, ¿Será el tiempo de Merquel Conducción?. ¿Aparecerán otros liderazgos entre un HCD plagado de caras nuevas: Castelo, Rivas Urtizberea; Santos, Magallanes...?.
Notararigo dijo que quería asumir en Saavedra porque sintió que a los saavedrenses no se les prestó atención. Pigüense, y radical (en la revolución del Parque la Unión Cívica del ‘ 90 tomaron la cabecera a punta de pistola), dio un gesto. Sólo un gesto, pero no deja de ser llamativo.


En el cierre de campaña Corvatta fue a Saavedra a intentar amuchar la tropa de ese bastión justicialista, hubo pedido de unidad, choripan, y todo el folklore del peronismo tradicional.
El domingo, Corvatta ganó en Saavedra, pero sólo por 141 votos. Esa ajustada victoria es una derrota para el dirigente peronista más importante en la historia del distrito.
Estamos viviendo un cambio de época. No se trata únicamente del recambio generacional lógico en la nómina de dirigentes.


Se trata también de las formas, los modos, los vicios y las maneras de la política de ayer. Personalismos, líderes de fuerte personalidad, anuncios, promesas, obras, fotos con cada subsidio y una especie de culto a quien conduce con poca o escasa autocrítica.
El domingo, en el distrito, la gente votó con otro paradigma.


Aunque la gestión de Corvatta tuvo más obras para mostrar en el último tiempo que en el primer mandato donde casi no logró concreciones. Sin embargo las urnas le dijeron que «no». No le sumó la catástrofe económica del gobierno de Cambiemos ni la «sintonía fina». Vino Kicillof y hasta Corvatta recordó su amistad personal con Alberto Fernández, nuevo Presidente.


Con un ritmo frenético, se iniciaron obras, se asfaltó como nunca en el distrito, se entregaron computadoras por 13 millones de pesos, se hicieron anuncios concretos en medio ambiente y el intendente con su gabinete salió a visitar casa por casa. El Intendente en persona participo de cada evento político y cultural. Hubo asesoramiento de couching para el tramo final de la campaña y hasta se puso el cartel de Pigüé el último viernes, un detalle largamente reclamado por los pigüenses. No alcanzó.
Y no iba a alcanzar. Porque todo lo que se hiciera, prometiera o se concretara fue interpretado por parte de la población como «un manotazo de ahogado». «¿Por qué no lo hicieron antes?» preguntaban los electores calificando como negativo lo que la gestión actual realizó el último año.


Como muestra basta un botón: se criticó una inversión de $13 millones de pesos en material informático para las escuelas por la forma en que se seleccionaron los mejores promedio o una inoportuna nota de agradecimiento de un colegio. Osea se invirtió como nunca en los pibes, pero no cayó bien la forma, el tiempo, la manera. Cambio de época.

La era Notararigo

Notararigo es de otra generación e inició el tránsito a la Intendencia de otra manera. Dejó su concejalía porque dijo que, «me frustraba no poder lograr cosas desde el deliberativo». Y hace un par de años se decidió a ser intendente y según dijo comenzó a prepararse para tal fin.


Casi en silencio. Se fue posicionando y logró encolumnar a todo el espacio político en que se referencia. Lo siguió la UCR, los dos sectores del PRO, la Coalición Cívica y el MID. Algo que en las últimas dos elecciones los referentes más experimentados no habían logrado. Y se dio el lujo de anunciar una «pajarista» como mano derecha al anticipar que Alejandra González sería su Secretaria de Gobierno.


Anticipó caras jóvenes en el Gabinete: Agustín Camandona (Cultura) , Belén Favre (Desarrollo Social) y Fermín Tarayre (Producción). Dijo que quiere concursar Obras Públicas y recurrirá a la experiencia de Cacho Amigo para «manejar» al personal de servicios públicos.
Medio ambiente, turismo, autoconstrucción de viviendas, un proyecto productivo porcino, autoridad en la administración y la promesa de trabajo en equipo, son algunos de los lineamientos básicos que el nuevo intendente ha dejado trascender.


Se verá si el cambio de época es tal y Notararigo puede concretar todo lo que insinúa.
El pronóstico económico se avecina con tormentas y en el frente político deberá remar contra la corriente en nación y provincia. El flamante intendente habla de fortalecerse en lo local y dice hay que no se le caerán los anillos en pedirle ayuda a Corvatta para que use sus contactos.


El 10 de Diciembre, aparentemente en la Delegación Municipal de Saavedra, donde alguna vez funciono el HCD del distrito que lleva ese nombre, le preguntarán a Gustavo Notararigo si jura desempeñar de la mejor manera el cargo de Intendente Municipal para el que fue elegido. Le advertirán que si no la hace Dios y la Patria se lo demandarán. El dirá «sí juro» y comenzará una nueva época.

Corvatta, respirará aliviado.