Compartir
(por Walter Ditrich walter@semreflejos.com.ar).- La Argentina parece le país del como sí. Vivimos haciendo como sí todo funcionara. Como si todo estuviera bien. Como sí nada nos hiciera falta. Se trata de un pueblo demasiado acostumbrado a tratar de zafar como sea. No nos importa solucionar los problemas definitavemente, o mejor aún, prevenir que malas cosas no sucedan en el futuro. Cuando pasan, tratamos de zafar. Tal vez se deba a una historia de sobrevivencia que nos ha acostumbrado a atar todo con alambre y vivir con parches provisorios que terminan siendo provisorios para siempre.
Zafamos continuamente y hacemos como sí, no estuviéramos improvisando. La pateamos tanto para adelante que, finalmente, ya no la podemos detener más.
Es lo que ha sucedido en el primer día del año en la ruta 11. Allí, cientos de familias transitaban por esa arteria interbalnearia para iniciar su merecido descanso. Pero en un carril contrario, un asesino al volante totalmente borracho - acompañado por otro ebrio- , zizagueaba en una desvencijada camioneta Chevrolet. Detrás de ese delincuente, un policía de civil que viajaba con sus seres queridos comenzó a filmar la situación y a llamar al 911. Hizo lo que correspondía. Comprometerse y dar aviso. Seis veces llamó. No tuvo respuestas. Durante media hora intentó que alguien detuviera a ese irresponsable. Por teléfono, les advirtió a los uniformados que, «este tipo va a matar a alguien!» Mientras tanto, las familias más afortunadas, se tiraban a la banquina y realizaban sinuosas maniobras para eludir a esa camioneta descontrolada. El policía paró en una estación de servicio y dio aviso a policías e integrantes de la agencia nacional de seguridad Vial. Nada. El ebrio al volante siguió su marcha. Todos hicieron como sí los controles funcionaran. El 911 atendió, los patrulleros estaban en el operativo Sol, los miles de efectivos también. Pero nadie hizo nada. Hasta que alguien no pudo zafar y la muerte más estúpida lo alcanzó.. El borracho hizo colisionó e hizo volcar un auto, de donde salió desprendido un joven que falleció en el lugar. La víctima iba durmiendo en el asiento trasero, sin atarse, y esto también conspiró contra su vida.
El borracho siguió su marcha de muerte. Hasta que el policía de civil que intentó que alguien hiciera algo en vano, se arriesgó, le dio alcance, le disparó a los neumáticos y logró detenerlo.
Ya era tarde.
El Ministro dice que investigarán hasta las últimas consecuencias, que no debería haber pasado, que el operativo funciona y bla bla bla. Trata de zafar. Zafar hasta que la noticia pase. El abogado hace como si le importara la justicia y asegura que el asesino al volante no es responsable porque estaba tan borracho que no sabía lo que hacía. Busca que el tipo, zafe.
Los patrulleros y las camionetitas naranjas de Randazzo, salieron todas a las rutas a hacer como si estuvieran controlando. Y el resto de las cientos de personas que zafaron esquivando al borracho, hicieron como si nunca más les podría tocaría a ellos. Y siguieron viaje.
Y entonces, todos juntos hacemos sombra para no levantar la perdiz y que no nos toque. «Total, que se arregle otro!», decidimos cuando logramos gambetear la camioneta con el borracho al volante. Como no nos chocó a nosotros, nos pasamos la mano por la frente, aliviados, para suspirar: cómo zafamooss!!!!.
Claro que no caemos en la cuenta de que en el país del como si, cada vez es más dificil zafar.
Ojalá, algún día los zafadores profesionales sean condenados socialmente y aquellos que verdaderamente se comprometen con los demás sean los ejemplos a seguir. Como el policía que intentó e intentó, chocando contra la inoperancia del cómo sí. La próxima, si hay más personas como él, tal vez zafemos de una muerte totalmente evitable. Que así sea.







